Emociones a flor de piel.
Una nueva vida nacía dentro de mí y Daniel iba a ser testigo de todo esto. Dani y yo estábamos super ilusionados.
Tras la primera cita con la tocóloga para que nos confirmara que todo estaba bien, se lo contamos a nuestras familias, ecografía en mano, una ecografía en la que solo se apreciaba una manchita cuyo corazón latía como un caballo desbocado. Era doble la alegría pues nuestro bebé iba a llevarse un par de meses con el bebé de Antonio y Fátima. Dani iba a ser tito poco antes de ser padre por segunda vez. Incluso, íbamos a poder estudiar un poco la reacción de Daniel ante un nuevo niño o niña en la familia, ya que lleva casi tres años siendo "el rey de la casa" y nohayquienletosa :)
Como ya os había contado antes, muchos cambios estaban sucediendo.
Los abuelos, tanto mi madre como mis suegros, se alegraron por nosotros pero reconocieron que lo primero que se les venía a la mente era Daniel. Durante varias semanas no dejé de escuchar:
- Pobrecito mi niño... Qué mal lo va a pasar... Se va a convertir en el hermano mayor... Pobrecito...
Vale, sí, pero también hay cosas buenas. Sé que hablan desde la voz de la experiencia. Tener un hermanito/a no tiene que ser fácil para ningún niño. De repente, todas sus cosas van a tener que ser compartidas con alguien que aparece por arte de magia en su vida, en su casa, en su habitación de los juguetes, y tendrá el mismo derecho que él a coger todo lo que se le antoje sin que nadie ponga remedio. Y para colmo, en algunas horas del día, tendrán que prestarle toda la atención porque es el peque o la peque y él es el mayor y tiene que saber esperar. Verá a su familia jugando con él o con ella del mismo modo que juegan con él. Verá como sus padres le dejan en el cole y se llevan en el coche a esa cosa diminuta que ni se mueve y que le está haciendo la vida muy complicada.
... ¡Uff! no me lo quiero ni imaginar... Sin embargo, a veces miro a Daniel atentamente y pienso que sí, que puede llevarlo un poco mal al principio, pero con cariño y paciencia, y haciéndole partícipe de cada momento con el bebé, podemos conseguir de él cosas maravillosas... y no es porque sea mi hijo, pero es un niño tan bueno que solo puedo esperar cosas positivas de todo esto. Además, le viene bien tener a alguien con quien jugar y pelear, y compartir, y relacionarse ya que después del colegio, las tardes de invierno son durillas y estar en casa todo el rato sin poder bajar al parque con los amigos, papá trabajando y mamá... ¡jo! ¡qué pesada mamá!
Sí, ya va siendo hora de ampliar la familia. ¿Pesada mamá?... ¡Uff! es que no me lo quiero ni imaginar...
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