Mi hermano Mario se volvió loco de alegría. Llamé a mis otros dos hermanos, Ángel y Fidel, y los dos compartieron su emoción conmigo. Su hermana pequeña va a ser mamá.
¡Qué sentimientos tan bonitos experimentas cuando das buenas noticias a la familia!
Pero la cosa no se iba a quedar ahí: aún faltaba la familia de Dani.
Dani tenía unas ganas tremendas de ir a casa de sus padres, pero mis ganas no eran menos. Sabía que Beni, su madre, iba a dar saltos de alegría ya que desde incluso antes de la boda de Antonio y Fátima, ya nos había estado insistiendo a las dos, en varias ocasiones, con lo de ¿cuándo me vais a hacer abuela?. Fátima y yo siempre nos mirábamos reticentes, como queriendo pasar a la otra la responsalibidad de la respuesta a esa "comprometida" pregunta. La pelota estaba ahora en mi tejado...
Pero lo que más deseaba era decírselo a Paco, el padre de Dani. No me preguntéis por qué, pero el hecho de que se convierta en abuelito me parece entrañable, y como nunca es muy expresivo a la hora de sacar sus emociones, supongo que esa incógnita es la que me proporcionaba más ganas aún de llegar cuanto antes a Leganés Norte.
Paco acababa de llegar a casa con un compañero de trabajo y estaban mirando algo de las conexiones de la televisión. Dani le había llamado antes para decirle que íbamos de camino y que tenía que contarle "algo".
Ahí comenzaron las hipótesis típicas de los padres: ¿Qué les pasará? ¿Estarán bien? ¿Tendrán algún problema en el trabajo? ¿Con el coche? ¿Necesitarán dinero?
Imaginaos nuestras caras cuando Beni nos preguntó si necesitábamos dinero. Y es que los niños siempre vienen con un pan debajo del brazo...
Pues bien. Cuando el compañero se fue un momento a mirar algo en el ordenador, nos quedamos los cuatro en el salón y... ¡UN MOMENTO! Mejor que sea Dani quien os cuente el resto en una próxima entrada.
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