El miércoles no fue nuestro día de suerte. Teníamos el día bastante completo entre ir al médico y hacer algunos papeleos y no pudimos hacer nada de nada. Pero lo que más nos desanimó es que no pudieron realizarnos la ecografía 4D. ¡Jo!
Llevaba toda la mañana sintiendo los movimientos de Daniel. Me daba patadas, me clavaba alguna parte de su cuerpo... Es como si supiera que teníamos ganas de verle, como si él estuviera más impaciente que nosotros... o eso pensaba yo.
Cuando la ecógrafa nos mostró su imagen en la pantalla, no dábamos crédito: estaba de espaldas, con la cabeza introducida en la pelvis, como si ya quisiera salir. Creo que no nos entendió bien. Queríamos verle pero aún es pronto para que salga. Pobre...
Me tumbé del lado derecho. Nada. Del izquierdo. Nada. No se dejaba ver. Eso sí, tiene un cuerpazo, je, je.
La ecógrafa nos dijo que volviéramos en 20 minutos para que lo repitiéramos y que comiera chocolate y paseara, a ver si Daniel cambiaba de posición.
Así que fuimos a un VIPS y nos comimos unas tortitas con chocolate y dimos un corto paseo. Se lo explicamos como pudimos a Daniel, y volvimos a la clínica. Pero no hubo manera. Ahora estaba de perfil, y se le veía un poco la carita, pero volvió a darse la vuelta y ni nariz, ni orejita ni nada... Eso sí, el chocolate le gusto muchísimo porque no se estuvo quieto en un buen rato.
Como os decía, salimos de allí desanimados, pero contentos porque le habíamos visto un poquito y con esperanzas de que la semana que viene, que es cuando tenemos la cita de nuevo, podamos verle comoestámandao.
Habrá que esperar...
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