Clases prenatales (I)

   El martes fuimos a nuestra primera clase prenatal. Estas clases ya habían empezado en La Fortuna a principios de mes pero como estábamos de vacaciones, la matrona nos dijo que podíamos recuperarlas en el grupo al que asiste en Leganés. 
Las clases son de 9 a 11. Cuando llegamos, las alumnas ya estaban descalzas y sentadas en sus colchonetas, por lo que tuvimos que darnos prisa para coger sitio y que empezara la clase.
Éramos todo chicas excepto Dani y otro chico. Yo a veces miraba a Dani porque quizá estaba un poco incómodo con tantas mujeres tripudas que solo hablan de los síntomas y cambios que achacan a su estado, pero, sinceramente, le ví bastante concentrado.

   La matrona nos enseñó algunos ejercicios para estirar las articulaciones y para mejorar la circulación sanguínea y la dilatación que practicaremos en todas las clases, y también, las respiraciones de relajación. Nos estuvo explicando además, cuáles eran las fases del parto y algún que otro instrumental utilizado por los médicos durante el proceso.

   Las dos horas se pasaron rápidamente ya que cuentan muchas cosas interesantes y responden dudas que pueden surgirte en estos meses, y no únicamente la matrona, también algunas compañeras que habían tenido hijos antes y que ya conocían bastante bien los asuntos que se trataban. 
Fue una primera clase muy completa y el viernes volvemos a la segunda pero esta vez, en La Fortuna.

Ya os contaremos más cosas en entradas sucesivas...


Prueba de la glucosa o curva corta

   Eran las 7:59 del lunes cuando entrábamos por la puerta del Centro de Salud de Pedroches. Estaba en ayunas, mejor dicho: me moría de hambre pero me tocaba una analítica que determinaría mi nivel de tolerancia a la glucosa y si padezco diabetes gestacional, por lo que no podía probar bocado.
No soporto los análisis. Y para colmo, éste no sería como en otras ocasiones.
No puedo mirar fijamente a la aguja cuando me están sacando sangre. No suelo marearme, pero prefiero no mirar. Ya da bastante "yuyu" cuando sientes algo similar a una pequeña ventosa clavada extrayendo líquido del interior de tu brazo... o al menos, eso siento yo.

   A las 8.17 me realizan la primera analítica. Un chico muy joven y muy amable, me explica en qué consiste la prueba y pienso: Bien, tal y como explicaban en los foros de internet y alguna que otra de mis fuentes cercanas.
Tras esa primera extracción de sangre, paso a una sala contigua donde me espera una ancianita muy entrañable con una especie de bote de jarabe de naranja muy dulzón, y me comenta con voz temblorosa que tengo que bebérmelo sin prisa pero antes de que pasen 5 minutos y sentarme en la sala de espera durante una hora para que me realicen la siguiente analítica.
Me lo bebo. Demasiado dulzón, sí, pero no sabe mal. Es como cuando tenías 10 años y te bebías 3 ó 10 sobres de Tang de golpe. Asqueroso, pero aún así, te lo bebías. Y pienso: Si el Tang tenía contraindicaciones cuando bebías una dosis muy alta, esto no puede ser muy distinto. Y vuelvo a recordar todo lo que leí en los foros y sí, había mujeres cuyo jarabe las provocó naúseas, vómitos y mareos.
Me asusto, pero me relajo. Salgo y Dani me espera sentado. Me siento a su lado y miro el reloj. Las 8.21. En una hora tendré que estirar el otro brazo.
Comienzo a sentirme mareada ¡Oh, oh!. Se me pasa. Tengo ganas de vomitar. Vaya hombre, como vomite tendré que venir otro día a repetir la prueba. Tranquila, Pili, venga... Se me pasa. Hay un montón de gente, cada vez más, y el calor se siente en la sala... ¿o soy yo?. No tengo fuerzas, me siento débil. Dani, voy al baño. Parece que ponerme de pie y andar unos cuantos pasos me devuelve la energía. Nos sentamos en otros asientos, lejos de la sala de extracciones y de tanta gente. Allí corre el aire. Me encuentro mejor. Dani y yo conversamos.
Llegan las 9.20 y me dirijo a la puerta. Me hacen pasar y esta vez es una mujer la que maneja la aguja. ¡Pero qué daño, hijad....! Ya no me quedan más tubos que llenar así que me voy. Sigo mareada y sin fuerza en las piernas, pero me mantengo. Miro a Dani y veo su cabeza en forma de donuts. Cariño, necesito comer algo urgentemente.

   En conclusión: es una mierda de prueba. Los índices no deben pasar de 140 y si es así, debería realizarme la prueba de la curva larga que consiste en una toma de jarabe asqueroso mayor que la anterior y tres extracciones: a la hora, a las dos horas y a las tres horas.

   Pero si yo sé perfectamente que tolero la glucosa... Tendríais que haberme visto comiendo chocolate con churros en la Márquez nada más salir de allí. Y Dani, se quedó mucho más tranquilo. Yo me encontraba bien y ya no me lo iba a comer a él...

Ya estamos aquíii...

¡Ya estamos de vuelta!
¿Qué tal este mes de septiembre? Nosotros hemos pasado 3 semanitas en la playa estupendas. Nos ha hecho buen tiempo, nos hemos puesto un poco morenitos, hemos visitado sitios que no conocíamos, y hasta hemos ganado un pellizco jugando al chinchón (y perdido también, jeje). En definitiva, que han sido unas vacaciones de lo más tranquilas y hemos desconectado muchísimo.
Lo único que no podíamos quitarnos de la cabeza era que cada vez queda menos para ver a Daniel. Por este motivo, quizá, han sido las vacaciones más especiales de estos cuatro últimos años.
La playa solía estar repleta de niños, bebés y no tan bebés que apenas podían andar por la arena y eso nos hacía soñar un poco con la idea de que el año que viene, si Dios quiere, uno de esos bebés sería el nuestro. Le pondríamos cremita por todo el cuerpo, un gorrito para protegerle del sol y le daríamos su primer bañito en la orilla del mar. Bufff, una pasada...
No nos gusta adelantar acontecimientos, pero supongo que a todos los que tenéis hijos os habrá pasado algo similar: haber estado en un sitio sabiendo que cuando vuelvas meses después, lo vas a disfrutar de una manera completamente diferente. ¡Qué ganas!

Aún nos quedan 8 días de vacaciones, pero no van a a ser días tranquilos; todo lo contrario. Tengo cita para la prueba del azúcar, una ecografía 4D, empezar a mirar cunitas y carritos, comprar alguna cosa de ropa premamá para pasar los últimos meses y de paso, mirar ropita para Daniel... y bueno, más cosas que tengo pensado hacer ahora porque seguro que después me faltará tiempo...

Os dejo alguna fotito de las vacaciones para que veáis también la evolución de mi tripota, y también, dar un poco de envidia, por supuesto.












Cada vez se nota más... no sabemos si parará de crecer... Lo que sí he conseguido saber es que con estas proporciones es más fácil perder el equilibrio aunque no lo quieras, y ya llevo tres caídas este verano.
Para los aprensivos: no han sido más que caídas "tontas", de rodillas y de culete. 
Espero que con tres sea suficiente.

Besos a tod@s


Cerrado por vacaciones

   Lo dicho: nos vamos de vacaciones que este año nos lo merecemos muchísimo. Después de todo el veranito currando mientras los demás os tumbábais a la bartola en playas de aquí y allí, estos futuros papitos se van a tomar un descanso a partir de mañana (esta tarde toca hacer maletas). No os pongáis tristones que volveremos pronto contando nuestras experiencias playeras, nuestras primeras clases prenatales, reportajes 4D y muchas cosas más...


¡Queda claro, no?!





¡¡¡Besos a todos y a todas!!!

Papito

   Tras la frikada de la entrada anterior (últimamente se nos va mucho la pinza), quiero hablar del papel tan importante que adquiere la parte masculina de la pareja en esto del embarazo.
Una vez que comienzas a asimilar que estás viviendo una nueva situación de cambio en tu vida y que mes a mes va a más, no podéis imaginar la de cosas que se te pasan por la cabeza.

   Todo el mundo dice que ser padre es la parte más "divertida" de formar una familia. No tienen que sufrir con el parto, no tienen que llevar un bebé dentro y someterse a cambios en su cuerpo y en su metabolismo, no se estresan-agobian cuando llega el día D / hora H, y además, solo tienen que dedicarse a observar lo bonito que es su hijito cuando nace y cogerle de la manita o hacerle monerías, porque la mami ya se encarga de darle de comer, de bañarle, de cambiarle, etc, que para eso está de baja maternal y el papi, sin embargo, se va a currar y sigue con su rutina habitual.

Y yo, reivindico todo esto.

Es cierto que los padres tienen un papel menos traumático que la madre, pero no por eso es el papel más "divertido". Considero que el padre, una vez que su pareja está embarazada, pasa a un segundo plano y que todas las atenciones van dirigidas a ella y al bebé (lógico y normal), pero los padres también tienen su corazoncito. 
Un padre se pierde muchas cosas en cuanto a la conexión con su bebé. Un padre no puede llevar durante nueve meses a su hijito dentro y sentirlo como algo suyo. No siente cómo crece ese pedacito de uno mismo al que quieres tanto sin conocerlo todavía. No pueden ilusionarse de la misma manera porque como dicen las madres: hay que vivirlo para saberlo.

Aún así, un padre comparte. Quiero decir: comparte sensaciones, angustias, cambios, frustraciones, alegrías, visitas al médico, sueños, aspiraciones y anhelos, porque debe y QUIERE estar ahí. No desea otra cosa que vivir todo el proceso en la medida de lo posible, preocupándose por lo que está a punto de llegar y por lo que ya está aquí, es decir, la madre de sus hijos. A veces es díficil para él ver como tu pareja siente cosas, buenas o malas, y no poder hacer nada más que respirar hondo, sonreír y dar todo el apoyo que ella necesite en ese momento. Porque un padre no sabe, no entiende de qué va esto...
A una madre no le gusta pasar malos momentos, pero a un padre tampoco (y viceversa). Si hay que pasarlos, se pasan. Si experimentaran ellos la parte del embarazo y del parto, quizá no lo soportarían, pero ¿quién sabe? Eso aún no se ha demostrado. Lo que no soportan, y eso sí está demostrado, es ver a las personas que más quieren pasando un mal momento.
Y por supuesto que a un padre también le gusta disfrutar de sus hijos cuando nacen. De eso no hay ninguna duda. Darle de comer, bañarle, cambiarle, levantarte por la noche cuando llora... Todo eso, sí pueden hacerlo y tener que irse a currar para seguir su rutina habitual porque no disponen de tantos días de baja paternal como la madre, es injusto. Un padre se pierde cosas, quizá los momentos más bonitos, los comienzos, el aprender a criar, entender y conocer a tu bebé. Si no pueden experimentarlo desde el principio, para ellos existe otro principio que es cuando nace. A partir de ahí, un padre comienza a tomar protagonismo e independientemente de lo que piense todo el mundo del que hablaba al empezar a escribir esta entrada, para tomar ese protagonismo, un padre tiene que querer.

Y yo, QUIERO.

DANI