Una conversación con Daniel

...Hola Daniel, ¿qué tal te has despertado hoy? A ver... Saluda a mamá. Papá se ha ido a trabajar pero he hablado antes con él y me ha preguntado por ti. Siempre lo hace.
Tenemos muchas ganas de verte. Aquí, fuera, te están esperando un montón de personas que ya te quieren mucho sin conocerte y no dejan de preguntar si me das golpecitos para llamar la atención. Jo, si ellos supieran lo que conectamos tú y yo... ¿verdad, hijo? 
Aaaala, qué patada...
Desde que estás conmigo mis horas se hacen más cortas y las disfruto más que antes. Sé que me escuchas e incluso me entiendes. No puedo demostrarlo pero yo lo sé. Son cosas que las mamás sabemos, aunque no lo sepamos todo. 
Oye, pero muévete, qué te has quedado ahí clavado...
Cuando salgas, vamos a seguir conectando juntos, ¿vale? Seguiré cantando canciones y contándote cómo son las cosas que aún no ves. Seguiré susurrándote cada día que te quiero y que no habrá nada que sientas más adentro que mi cariño (y el de tu papá, pero eso que te lo diga él, jeje).
La fuerza de mi abrazo te reconfortará. Te acariciaré y sentirás mi calor. Frotaré tu naricilla con la mía.
A veces llorarás pero estaré ahí para calmar tu angustia, e intentaré que no vuelva a repetirse, al menos, con frecuencia. Sueño cada noche acurrucándote contra mi pecho. 
 ¡Pero bueno! qué energía tienes hoy...
Daré todo de mí para que vivas feliz y sin preocupaciones. Y espero conseguirlo. 
... Qué ricas las tostadas... ¿a que sí?
Quiero mirarte a los ojos y saber qué ocurre sin hablar. Quiero priorizar todo lo que te haga sentir bien. Quiero transmitirte seguridad para hacer de tu autonomía la mayor de mis alegrías. ¿Que qué es autonomía? Pues es... bueno, ya sabrás qué es cuándo seas mayor...
Pero que sepas que todo lo que sea bueno para ti, será bueno para mí. Porque si tú lloras, yo voy a estar un poco triste o preocupada; pero si te ríes, yo... me parto. Tú me deberás el haberte dado la vida, pero yo te deberé mi felicidad que se convirtió en una felicidad plena en cuanto supe de tu existencia.
Que sí, mi niño bonito, no te imaginas cuánto... 
Gorro, toalla, peine...
Uy, vámonos ya, que tenemos que ir a clase de natación y llegamos tarde, como siempre. Eso sí, espero que no te hagas tanto de rogar como tu madre... jeje.